Por EAAE
Después de 32 años de trayectoria en la Administración Pública, María Fernanda Castro, “Marita” para todos, transita los últimos meses antes de su jubilación. Abogada formada en la Universidad Nacional de La Plata cumplió funciones en la Dirección de Catastro, la Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Economía y, desde 2011, integra el equipo de la Contaduría General.

Desde esa experiencia conversó con ISEGORÍA. Subrayó la necesidad de profesionalizar los equipos y de transferir conocimientos entre generaciones. También, habló del compromiso que hay que tener con el rol que toque desempeñar: “Uno tiene que devolver, trabajando bien, lo que el Estado le da”, sostuvo.
Junto con Diego García Ferré, Magalí Yangüela, María Emilia Abal, de Fiscalía de Estado y de Yamila Godoy, de Contaduría General, fue parte del equipo de profesionales que tuvo a cargo la capacitación en servicio Criterios comunes, para empleados de las áreas legales y de administración de 26 organismos del Poder Ejecutivo.
-Creo que uno de los grandes desafíos es la profesionalización. Hay mucha gente joven y yo valoro muchísimo el empuje de la juventud. Pero también veo que se fue perdiendo algo que para mí era muy importante: tener referentes a quienes consultar.
Cuando empecé tenía personas a las que les podía llevar un expediente y preguntar cómo lo resolverían. En Economía había profesionales con mucha experiencia que te decían: “Fijate por este lado”, “volvé a leer tal ley”. La Contaduría era una referencia, había profesionales con un inmenso conocimiento del Estado y contar con su palabra brindaba tranquilidad.
Eso es algo que hay que recuperar. En los últimos años lo que se percibe en el Estado es que cuando se jubila alguien que tiene mucho conocimiento, la administración se resiente. El conocimiento no debería irse con la persona que se retira; hay que preparar a los cuadros nuevos.
-Sí, tenemos una persona que trabaja a la par mío, sentado enfrente, aprendiendo. Muchas veces me dice: “Esto es como el ejercicio que nos dieron”, en referencia al concurso que se realizó para tener un reemplazante, que incluyó distintas instancias de evaluación.
Que haya ingresado con anticipación es muy positivo porque nos permite hacer una transferencia y que conozca con antelación sus futuras funciones y el terreno sobre el que se desempeñará. Creo que esa es una de las cosas que tiene que hacer el Estado: cuidar a su gente, capacitarla y transmitirle el conocimiento. Porque cuando uno se va, lo importante es que algo de lo que aprendió quede.
-Generando espacios de intercambio. Cuando estuve en Economía, nos reuníamos varios profesionales y discutíamos los temas hasta llegar a una conclusión. Había intercambio de ideas y trabajo conjunto. Hoy eso no siempre se da. Muchas veces alguien consulta y la respuesta es: “Me lo dijo tal”. Y eso no alcanza. Hay que estudiar, analizar y poder sostener una posición con fundamentos.
Mi consejo siempre es: convénzanse ustedes primero y después convenzan al funcionario. El abogado del Estado tiene un rol muy importante. Tiene que poder decirle al funcionario por dónde puede ir, por dónde no y dónde está su responsabilidad profesional.
«El abogado del Estado tiene un rol muy importante. Tiene que poder decirle al funcionario por dónde puede ir, por dónde no.»
-Siempre me gustó capacitarme. Hice una especialización en Derecho Administrativo que dictó la Procuración del Tesoro y durante muchos años participé de las jornadas de la Asociación Argentina de Derecho Administrativo. Intentaba hacerlas todos los años, aun con el esfuerzo que implicaba. Incluso hoy, cuando voy a una capacitación -muchas organizadas por la EAAE- a veces me preguntan: “¿Vos para qué venís?”. Y voy porque siempre se aprende algo nuevo.
Por eso creo que las capacitaciones deberían ser obligatorias y sostenidas. No hablo solamente de talleres aislados, sino de una política de capacitación permanente.
También deberían estar vinculadas con los ascensos y con la carrera de los trabajadores. Si una persona se capacita, eso debería servirle para algo. En el Poder Judicial, por ejemplo, hay capacitaciones obligatorias y se realizan.
-No siempre. Antes, si había una capacitación y era gratuita, íbamos todos. Hoy se brindan capacitaciones acá, no hay necesidad de viajar y con posibilidades que antes no existían, y pocos lo aprovechan.
Puede ser una cuestión generacional. También puede tener que ver con que no hay una verdadera carrera profesional dentro del Estado. Si una persona se capacita pero eso después no incide en sus posibilidades de crecimiento, quizás no encuentra el incentivo.

-Cuando hablo de profesionalización pienso en lograr un Estado de excelencia, con más formación. No necesariamente todos tienen que ser universitarios: pueden ser técnicos, técnicos en administración. Pero todo el mundo debería saber de qué trata el organismo en el que trabaja y qué hacen las demás personas que trabajan allí.
No puede ser que alguien se limite a decir: “Yo solamente ingreso y egreso expedientes”. Hay que conocer a fondo el funcionamiento del organismo. Profesionalizar también se trata de eso.
Tenemos que buscar la excelencia del Estado. Si nos maravillamos de las empresas privadas porque allí todo funciona; en el Estado, nosotros mismos somos responsables porque, de alguna manera, somos los “dueños” del Estado.
-En verdad me gustaría que hubiera más espíritu crítico. Que la gente se cuestione e incluso que pueda cuestionar lo definido por un superior. Que pueda decir: “Yo creo que esto va por acá porque entiendo que la norma dice esto”.
Es tremendo escuchar “siempre se hizo así”, porque no da margen de mejora. Nosotros mismos en la Contaduría hemos cambiado de posición. Alguna vez tomamos una decisión y después la volvimos a analizar y pensamos que no era la correcta. Entonces cambiamos de criterio, pero lo hacemos fundada, no porque se nos ocurre. Eso es lo que para mí tiene que hacer un profesional: analizar, cuestionar y fundamentar.
El expediente digital va a modificar muchas tareas. Ya no vas a necesitar al cadete que lleva el expediente, ni determinadas tareas vinculadas al papel. Pero ¿qué hacemos con esas personas si no están capacitadas para asumir otras funciones?
La tecnología también obliga a pensar qué hacemos con los recursos humanos. Si queremos un Estado eficiente, necesitamos gente capacitada. Si no, en algún punto algo va a fallar.
La tecnología también obliga a pensar qué hacemos con los recursos humanos. Si queremos un Estado eficiente, necesitamos gente capacitada.
–La normativa de contrataciones, a mi criterio, es muy clara. La ley y sus decretos reglamentarios no deberían dar lugar a tantas interpretaciones diferentes. El problema muchas veces está en que no se lee toda la normativa.
Hay personas que conocen la ley pero no saben que tiene decretos reglamentarios que son tan importantes como la propia ley. Y ahí aparecen las diferencias.
También ocurre que hay actos administrativos que no están publicados. Y un acto administrativo entra en vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial. Si eso no se conoce, naturalmente se genera confusión.
Por eso creo que los talleres como Criterios Comunes son constructivos. Siempre algo queda. He visto pequeñas mejoras en algunos procesos.
-No, nunca pensé que mi desarrollo profesional iba a ir por el Derecho Administrativo. En la facultad eran apenas dos materias. Pero tuve un profesor, Hutchinson, que es autor de libros de Derecho Administrativo, y me marcó mucho. Creo que él fue quien me abrió ese camino. Hoy puedo decir que me encanta ser abogada del Estado.
Y creo que también tenemos que recuperar el valor de la profesión dentro del Estado. No somos un empleado más. El abogado tiene una responsabilidad y una función específica.
Estudié en la Universidad pública y creo que uno tiene que devolverle al Estado lo que el Estado le da: un sueldo, una estabilidad, la posibilidad de formarse. ¿Y cómo lo devuelve? Trabajando bien.
-Sí, yo amo la profesión. Me encanta ser abogada del Estado y, en la medida de lo que pude, siempre traté de contribuir.
Ahora estoy por jubilarme. Y me voy tranquila porque también estamos haciendo algo que para mí es muy importante: estamos transfiriendo el conocimiento. Y si tuviera que resumir todo lo que pienso en una sola recomendación, sería esa: capacitarse, estudiar, cuestionar y no tener miedo de preguntar. Siempre hay algo nuevo para aprender.